ECONEX TOMICUS DESTRUENS (60 días)

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DIFUSOR DE FEROMONA PARA TOMICUS DESTRUENS (60 días) - Barrenillo del pino

Trampa recomendada: Ver imágenes

Los difusores tienen forma de blister con una capa de poliolefina permeable a los ingredientes activos, y están envasados individualmente en sobres de aluminio. Una vez extraídos de sus envases los difusores no necesitan ninguna operación de activación, tan sólo colocarse adecuadamente en la trampa. NO ABRIR, CORTAR NI PERFORAR LOS BLISTERS, la emisión a la tasa adecuada se consigue por difusión a través de la capa de poliolefina.

El género Tomicus está formado por siete especies de coleópteros de la subfamilia Scolytinae (Curculionidae) que provocan daños en especies de los géneros PinusAbiesLarixy Picea. Se distribuyen por gran parte de la región paleartica, habiéndose introducido en la década de 1990 en Norteamérica.

La especie Tomicus destruens está ampliamente distribuida por las masas de pinar. Ataca a P. halepensisP. pinasterP. pinea y de forma excepcional a P. nigra.

 

MORFOLOGÍA Y BIOLOGÍA

T. destruens puede medir entre 3,5 y 4,5 mm de longitud, con la cabeza y tórax de color negro, los élitros de color castaño, igual que las patas. La oviposición tiene lugar en las galerías maternas, en unas incisiones que hace la hembra a los dos lados de la galería. Los huevos son blancos, de 0,5 mm de diámetro, aproximadamente.

 

 

El número de huevos que ponen las hembras puede variar entre 60 y más de 200. La larva es ápoda, encorvada, de color blanco, con la cabeza marrón. Cuando nacen apenas supera el mm de longitud, alcanzando en el 4º y último estadío larvario la longitud igual o ligeramente superior a la de los imagos.

La pupa tiene lugar al final de las galerías larvarias, dentro de la cámara de pupa, situadas en la corteza o entre la corteza y la madera. Estas pupas son blanquecinas y presentan los apéndices del imago ya visibles.

T. destruens tiene dos etapas en su vida claramente diferenciadas: una subcortical en árboles debilitados, donde tiene lugar la cópula, puesta y todo el desarrollo de la nueva generación, y otra, en las ramillas de las copas de los pinos vigorosos, donde los imagos se alimentan.

T. destruens comienza a volar desde mediados de septiembre hasta que la temperatura máxima es menor de 20 ºC, algo que también puede ocurrir en periodos cortos de tiempo de diciembre a febrero en los que podrá volar. Entre octubre y diciembre realiza la puesta de la primera generación, que emergerá durante marzo.

Cuando las temperaturas máximas en febrero o marzo vuelven a superar los 20 ºC comienza de nuevo el vuelo reproductivo, produciéndose la puesta de la segunda generación, que emergerá en mayo o a lo máximo principios de junio. Ambas generaciones son hermanas ya proceden de la misma generación parental.

La reproducción comienza tras localizar mediante el olfato (a larga distancia) y la vista (a corta distancia) el árbol hospedador. Una vez localizado, las hembras comienzan a horadar un orificio en la corteza de fustes y ramas gruesas. Tras ella entra el macho, y tras la cópula, queda detrás de la hembra evacuando el serrín, mientras esta excava la galería, vertical y unirrámea. La hembra coloca cada huevo individualmente, en unas pequeñas incisiones a cada lado de la galería, cementando posteriormente la oquedad para impedir el acceso a los depredadores de huevos.

 

 

 

A los pocos días nacen las larvas, que comienzan a perforar galerías perpendiculares a las maternas, rellenándolas de serrín y excrementos tras su paso para impedir la entrada de depredadores. La larva pasa por cuatro estadios transformándose después en pupa dentro de una pequeña cámara en la parte interior de la corteza del árbol, que puede marcar la madera. El preimago, despigmentado, permanece algún tiempo en esta cámara, para salir luego al exterior a través de uno orificio que horada en la corteza.

Tras ello vuela a las copas y se introducen en la médula de las ramillas terminales, para alimentarse y madurar  sexualmente. Los imagos permanecen en las copas durante el verano, trasladándose de una ramilla a otra. Las puntas de las ramillas muchas veces se tronchan, cayendo al suelo. La generación parental también necesita pasar un tiempo alimentándose en las ramillas entre la puesta de otoño y la de primavera.

 

DETECCIÓN Y SEGUIMIENTO

En masas forestales colocaremos 1 trampa CROSSTRAP®o CROSSTRAP® MINI cada 20 ha, separadas entre sí al menos 1000 m. En superficies menores a 20 ha se instalará al menos una trampa por rodal o masa forestal. Las trampas se instalaran en lugares con buena accesibilidad visual, como bordes de bosque, pistas forestales o cortafuegos. Se evitarán lugares especialmente ventosos, ya que se dificulta el vuelo de los insectos y podrían ocasionarse roturas en las trampas. Un trampeo de detección debería cubrir la variabilidad ambiental del monte objeto de seguimiento.

Las trampas deberán estar instaladas y operativas entre mediados de septiembre y mediados de abril, de forma general. Estos periodos podrían ser más cortos en años con principios de otoño y comienzos de primavera muy cálidos.

Para seguimiento se recomienda optar por las capturas en húmedo, ya que permitirá la identificación precisa de las capturas. Para ello podrán rellenarse los colectores con 10 ml de propilenglicol diluido al 10 ó 20 %, o en su caso, utilizar anticongelante de automóvil. Este líquido sirve tanto para matar las capturas como conservante, siempre que no se diluya demasiado con la lluvia, en cuyo caso debería ser remplazado. Se recomienda, como mínimo, la recogida quincenal de las capturas.

 

SEGUIMIENTO EXHAUSTIVO

En masas forestales

Para hacer seguimiento exhaustivo debemos colocar las trampas a una distancia entre 100 y 500 metros unas de otras, siguiendo pistas forestales, cortafuegos o bordes de bosque.

La densidad de trampas podrá oscilar entre 0,3 y 3 trampas por ha. Podrán instalarse también en el interior de la masa forestal, siempre que esta no sea demasiado densa.

Para seguimiento exhaustivo se recomienda la captura en seco, utilizando el colector con fondo de malla y tratado con deslizante. Este colector impide el escape de los escolítidos, ya que no pueden trepar por el deslizante, pero permite la entrada y salida del depredador Thanasimus formicarius, que devorará las capturas. De este modo se minimiza el impacto del trampeo sobre la fauna útil

En parques, jardines y áreas residenciales

El manejo de Tomicus destruens en parques, y jardines presenta unas peculiaridades que lo diferencian del manejo en medios forestales. El mayor riesgo de ataque en árboles ornamentales es el inducido por daños mecánicos.

Muy frecuentes son los ataques por destrucción más o menos severa de raíces, producida por obras que implican excavación en el entorno de los árboles. Generalmente los árboles ornamentales son poco susceptibles al ataque de Tomicus destruens, siempre que se mantengan las condiciones en que han crecido. A veces poner o quitar riego en zonas de jardin puede inducir el ataque de estos insectos.

El control de Tomicus destruens en estas circunstancias debe ser muy eficaz, ya que se trata de reducir la mortandad de árboles a cero. Por lo tanto deberá intensificarse el esfuerzo de trampeo al máximo, de modo que pueden usarse densidades de 3 trampas por ha, que deberán ser controladas semanalmente. 

 

MATERIAL NECESARIO

TRAMPAS CROSSTRAP® o CROSSTRAP® MINI y difusores de cairomona ECONEX TOMICUS DESTRUENS que colgaremos en una trampa CROSSTRAP® utilizando los orificios laterales practicados a tal efecto en una de las láminas de la misma. Las últimas experiencias han demostrado que la trampa CROSSTRAP® MINI posee mayor eficacia en la captura de escolítidos.

 

SÍNTOMAS Y DAÑOS

El género Tomicus produce dos clases de daño: galerías subcorticales en los troncos y ramas gruesas, y galerías en las ramillas de las copas. El ataque en las copas es irrelevante ya que los árboles a los que atacan tienen suficiente vigor para regenerar las pérdidas. En cambio, los ataques en el tronco siempre son mortales, ya que a través de las galerías maternas y, sobre todo las larvarias se introducen hongos que producen la degradación del floema del perímetro de la galería. Además durante la alimentación de las larvas se produce una destrucción mecánica de los canales floemáticos.

Seleccionan árboles, o secciones del fuste, con corteza no demasiado delgada ni tampoco  muy  gruesa. No suelen  atacar a los repoblados. Los árboles atacados son fácilmente reconocibles por los volcanes de resina amarilla que bordean los orificios de entrada. En ocasiones pueden  encontrarse  árboles  con ataques rechazados, vivos pero con volcanes de resina.

Prefieren reproducirse en árboles en estados iniciales de decaimiento, principalmente por estrés hídrico, competencia con otros árboles, dañados por fuego o mecánicamente. Se comporta como una especie primaria, capaz de matar árboles muy poco debilitados y no suele atacar a árboles previamente atacados por otros escolítidos (salvo casos muy raros  en Pinus pinaster atacados por Ips sexdentatus).

En ausencia de daños episódicos, como incendios o sequías, los árboles con más riesgo de ataque son los situados en suelos pobres, poco profundos, de escasas precipitaciones y con exceso de pies por ha. También se han detectado ataques frecuentes en árboles muy viejos (>80 años), posiblemente ligado a  la  senescencia. Otro  factor  de  riesgo  son  los trabajos forestales de clareo y entresaca, ya que en ciertas condiciones se han registrado ataques en los árboles intactos.

Especial atención hay que prestar a los episodios de sequía intensa y prolongada, ya que predisponen al ataque de Tomicus no sólo a árboles individuales, sino a grandes masas de arbolado. Entre 1994 y 1996 fueron afectadas cerca de 40000 ha de pinar en la Región de Murcia, tras una prolongada sequía.

El abandono en el monte de leñas de los trabajos forestales es un perfecto material de reproducción y una vez que sus poblaciones adquieren altos niveles, pueden convertirse en verdadera amenaza para otros árboles y masas. En situaciones de plaga, al comienzo los árboles muertos aparecen sueltos, o en corros poco numerosos. Las poblaciones del insecto van aumentando  rápidamente  y los focos se van convirtiendo en manchas continuas, cada vez más extensas.

El diagnóstico visual se basa en la presencia de volcanes de resina amarillenta en los fustes y ramas gruesas. Habitualmente  este  síntoma  se detecta tras el amarilleo súbito de la copa. Con el descortezado se confirma la presencia de la especie. Esta decoloración se produce en los estados avanzados de infestación, cuando los parentales y parte de la generación hija ya han abandonado el hospedador.

Esto contribuye a dificultar su control ya que los tratamientos de apeo y descortezado del árbol solo son parcialmente eficaces, al actuar solamente sobre parte de la población hija y prácticamente nada sobre la parental. En árboles muy debilitados o apeados no se forman los volcanes de resina, por lo que su diagnóstico se efectuará tan sólo por descortezado e identificación de galerías.

PESO VOLUMÉTRICO CON EMBALAJE 50 GRAMOS